Valle de Bravo, México

TIPOLOGÍA

Amenidades

AÑO

2026

ÁREA

100m2

Ubicado entre un pequeño valle cubierto de lavanda y un denso bosque de pinos detrás de él, este pabellón de entrenamiento transparente está pensado para tomar dos ecosistemas contrastantes —cada uno con su propio carácter visual, táctil y olfativo— y plegarlos en un solo espacio construido. Suspendido entre ambos paisajes, el pabellón de vidrio busca desaparecer en el terreno, disolviendo su presencia en la transparencia en vez de imponerse sobre él.

Una estructura de acero cuidadosamente resuelta, con una retícula desfasada como las barras de una marimba, integra cartelas en el marco —una referencia clara a los pabellones modernistas que la precedieron, desde la Casa Farnsworth de Mies van der Rohe hasta la Glass House de Philip Johnson. ¿Qué, de estos referentes tan debatidos, sigue funcionando arquitectónicamente hoy, y cómo podría ese lenguaje servir a un programa distinto? Esa fue la pregunta que el estudio se propuso responder. El ejercicio, por naturaleza, es un programa temporal, y la flexibilidad de los sistemas de vidrio contemporáneos permite que el espacio se abra casi por completo, reducido a poco más que una cubierta flotante —de modo que entrenar sucede con la lavanda de un lado y el bosque del otro, no detrás de un vidrio mirándolos desde adentro.

VISTAS EXTERIORES

DETALLES

PLANOS

El programa también integra un conjunto de funciones más privadas —regadera, vestidor, sauna, tina fría— reunidas dentro de un volumen sólido que ancla visualmente al resto de la estructura transparente de acero. La yuxtaposición agudiza ambos elementos: la solidez del bloque frente a la ligereza del pabellón de vidrio a su lado. Mientras el volumen de acero y vidrio remite a una filiación moderna, la masa sólida se siente más directamente arraigada al sitio —con superficies achaflanadas y vanos de ventana abocinados, revestidos en basaltina, una piedra volcánica negra usada ampliamente en la construcción vernácula de Valle de Bravo. El detalle llega incluso hasta el desagüe: una gárgola tallada en piedra sobresale del volumen de basaltina, mientras que una contraparte en acero cumple la misma función a lo largo de la cubierta del pabellón de vidrio —el mismo elemento funcional resuelto dos veces, una en cada lenguaje material, que refuerza el diálogo entre ambas estructuras en vez de dejarlo solo en su silueta.

La orientación y la apertura del edificio permiten una ventilación cruzada constante, eliminando la necesidad de aire acondicionado para mantener el espacio fresco. A lo largo de la tarde, el pabellón se calienta conforme recibe el sol a través de su fachada suroeste, y la experiencia de entrenar al aire libre, de frente a la puesta de sol, se convierte en una pequeña recompensa en sí misma.