
Desde el aire, un terreno es como un libro sin leer. Selva, bosque, acantilado, baldío, campo de cultivo, borde de puerto, mar abierto: manchas de color sobre las que alguien, en algún momento, tiene que decidir dónde va la primera línea. Parado en medio de cualquiera de ellos, sin plano, lo único que tienes es el cuerpo: dónde pega el viento, hacia dónde se abre la vista, por dónde caminarías sin que nadie te lo pida. De esa primera línea depende todo lo que viene después. Este texto trata de cómo la hemos trazado en seis proyectos, y de las veces que no supimos si trazarla nosotros o dejar que la trazara el terreno.
La pregunta
Un plan maestro es primero un trazo informado, y después una estructura de pensamiento espacial que arremete en unísono con el territorio. Sí, las dos palabras se contradicen, y es a propósito: así se mueven nuestros planes. A veces el proyecto se impone al terreno, y a veces se deja guiar por él.
Cualquier plan de ordenamiento, en macroescala o en escala menor, empieza por analizar las necesidades del programa y por una decisión que va a influir fuertemente en todo lo demás. Y ahí aparece la duda de fondo: ¿esas necesidades permiten que el diseño baile en unísono con el terreno, o para que el programa funcione mejor el plan maestro tiene que imponerse sobre de él?
Llevamos cuatro años parados en esa encrucijada. La decisión casi siempre nos llega primero por intuición, y es la lectura del sitio, con análisis de distintos tipos, la que después la va afinando.
A veces la arquitectura de autor empuja a adoptar una teoría maestra y a repetir un mismo estilo de trazo. Pero con tantos proyectos de necesidades distintas, ¿cómo podríamos elegir siempre la misma postura? Nosotros celebramos poder elegir entre ambas, sin que una domine a la otra, y hoy nos quedamos con una hipótesis: el terreno decide cuánto puede arremeter el trazo. Lo que sigue es un recorrido por seis proyectos para comprobar esta suposición.
Casco Ocelote: el trazo sigue la topografía
Postura: dialoga · 482 hectáreas · Yucatán
Una citrícola quería ordenar su territorio y crear un plan de expansión a futuro sobre sus campos de cultivo. El programa pedía espacios de trabajo, un hotel boutique, senderos, caminos, casas piloto para vivir de forma inmersiva el proceso citrícola, y casas club repartidas por el predio para aprovechar lo mejor posible las vistas y el espacio.
Con 482 hectáreas, lo primero fue leer el territorio, y de inmediato nos topamos con algo extraño para Yucatán, que suele ser plano: montículos elevados sobre la selva que regalan vistas muy buenas hacia los valles de cultivo. Subes a uno de esos montículos y la selva se abre hacia el cultivo. La prioridad cambió ahí mismo. Había que movernos con el terreno para conseguir las mejores vistas y mantener las construcciones camufladas. Explorando el terreno en moto y volando un dron, la vista virgen impacta a cualquiera, y esta result siendo una de las veces que, “cumplir” con el programa de necesidades, tuvo que pasar a segunda plana, conservar la belleza, se vuelve la prioridad.
Los dibujos lo reflejan: nodos que giran, suben y bajan siguiendo siempre las curvas de nivel, y que le dan a cada edificio un punto de vanguardia sobre el paisaje. Buscamos recorridos naturales que exalten la belleza del predio. Kevin Lynch hablaba de legibilidad, de que sendas, nodos y bordes se entiendan de un vistazo:
«Una ciudad legible sería aquella cuyos barrios, hitos o sendas son fácilmente identificables y se agrupan con facilidad en un esquema global.» — Kevin Lynch, La imagen de la ciudad
En esta frase Lynch resume lo que buscábamos en Ocelote: que alguien que sube a un montículo entienda de un vistazo dónde está, hacia dónde va y qué hay del otro lado.



Sisbichen: un híbrido
Postura: híbrido · 54 hectáreas · Yucatán
Sisbichen es otra historia: 54 hectáreas, considerablemente más pequeñas, y un cliente con otro giro. Quería un plan financiero para lotificar el predio en ranchos a la venta y un hotel boutique que aprovechara dos cenotes abiertos impresionantes como puntos de interés.
Aquí nos salió un híbrido. Donde el terreno tiene cualidades que vale la pena exaltar, se trazan ejes que conectan una de las entradas principales con los dos cenotes, y el hotel boutique. En las zonas de ranchos y en el área junto a la calle que conecta el predio con la carretera, en cambio, el trazo manda: una serie de ejes radiales, al modo de la ciudad jardín de Ebenezer Howard, genera áreas aprovechables intercaladas con paisaje, donde podemos lotificar los ranchos y conectarlos directamente a la traza. Howard pensaba en un matrimonio entre dos mundos:
«La ciudad y el campo deben casarse, y de esta unión gozosa surgirá una nueva esperanza, una nueva vida, una nueva civilización.» — Ebenezer Howard, Ciudades jardín del mañana
En esta frase se nota la fe casi religiosa de Howard en que dos mundos opuestos pueden convivir. Nosotros no pretendemos tanto, pero en Sisbichen algo de ese matrimonio hay: lote y paisaje, intercalados.
Esos ejes nos regalan vistas aprovechables desde las calles y sus andadores, y terrenos atractivos para lo que busca el cliente. Un eje paralelo a la calle exterior funciona como punto de quiebre: los metros lineales hacia afuera tienen uso de suelo comercial, distinto al del interior. Mientras que el orden de una parte del programa traza líneas rectas, las primeras veces que visitamos el sitio y vimos la imponente caida libre de 10-15 metros hacia los cenotes, sería inimaginable pensar que podríamos ejercer ahí un trazo agresivo. Al final nos dimos por servidos mezclandolos, y así creando una yuxtaposición interesante.


Santuario Deportivo (Club): el programa manda
Postura: domina · Cancún, Quintana Roo · dos etapas: 7.4 y 12.1 ha
En Cancún, un centro de alto rendimiento deportivo se reparte en dos predios separados por una Avenida. Aquí el programa pesa más que cualquier otra cosa: canchas, alojamiento y servicios piden orientaciones, distancias y relaciones muy precisas entre sí. La FIFA recomienda orientar las canchas siempre Norte-Sur por ejemplo. Mientras que las canchas de Tennis, padel y pickle necesitan buscar una orientación similar, nos conformamos dandoles una orientación Noroeste-Sureste
Un eje transversal cruza la avenida y une los dos predios, con glorietas como nodos, y desde ahí unas avenidas a 45 grados organizan las “alas” alrededor de un edificio central (en la fase 2) Desde el cual como en los trazos de Andre Le Notre en Versalles, puedes pararte en un punto de vanguardia y ver al infinito como el trazo se desvanece en varias direcciones. El terreno es de selva baja y plana, así que no había topografía a la cual obedecer y el trazo pudo ser contundente. Para esto, en el plan, hay que imaginar a la hora de diseñar, espacios designados donde posteriormente se necesitarán intervenciones planificadas de paisaje.
Lucio Costa contaba así el origen de Brasilia, y algo de ese gesto hay en nuestra cruz:
«Nació del gesto primario de quien señala un lugar o toma posesión de él: dos ejes que se cruzan en ángulo recto, es decir, el propio signo de la cruz.» — Lucio Costa, Relatório do Plano Piloto de Brasília, 1957
En esta frase Costa reduce una ciudad entera a un gesto de cuerpo: llegar a un lugar y decir «aquí». El orden, claro, jerarquico, planificado, de cierta paz a la vista, pero esto considera el extremo opuesto a Ocelote, donde la paz la transmite la forma en la que el plan se mueve con el territorio.



Club Náutico, Progreso: un borde que trabaja
Postura: domina · [Club Náutico Yucalpetén, Progreso] · [3 ha]
La marina seca reúne talleres, plataforma de botado, rampa, muelle de embarque, comercio, oficinas, boutiques y restaurante, junto a una dársena pesquera que ya opera. Más que un paisaje, es un borde de trabajo, y el plan se dedica a ordenar el flujo de embarcaciones, camiones y visitantes.
La gran cubierta de la marina seca funciona como ancla, y a su alrededor se acomodan el estacionamiento, los accesos y el volumen de lobby, oficinas y bodegas. El sitio, un baldío junto a una glorieta, no ofrecía mucho que seguir, así que dejamos que el programa operativo dictara el trazo. Como en muchos proyectos portuarios o de infraestructura, es casí imposible imaginar pedir a un cliente que vea más allá de las necesidades programáticas, y en casos como este, nosotros tampoco temenos la intención de convencer en esa dirección. Resagamos el “lujo” de paisaje a un parque al frente del restaurante junto al muelle, y por detrás del mismo, donde senderos curvos y a proposito dramáticos, intentan ser la curva y la fiesta de trazo, que otras áreas del Proyecto no pudieron ser. Este Proyecto busco ser racionalista en su trazo, y solo con gestos como el parque y los camellones, pudimos mejorar la balanza y crear un espacio que hable de paisaje y territorio, contenido por ejes ortogonales. El resultado, nos atrae.



Muelle de altura: la geometría la fija el mar
Postura: domina (Muelle de Altura, Progreso) · [2 ha]
Dos dársenas protegidas por rompeolas, con lugares para embarcaciones en peine, un patio de resguardo en seco y la vialidad de acceso. Aquí el borde y la ingeniería marítima fijan casi toda la geometría, y queda poco margen para dialogar con el sitio.
Lo que sí podía hacer el plan era ordenar el encuentro entre agua, tierra y circulación, y suavizar el acceso con franjas de vegetación.


Punta Mita, Rancho 21-A: el conjunto se camufla
Postura: dialoga · Nayarit · [5 ha] (Imanol Legorreta)
En Punta Mita, un conjunto de villas y servicios se asienta sobre un acantilado frente al mar, con techumbres de palapa a cuatro aguas agrupadas entre la vegetación seca. Trabajamos con maquetas de cartón directamente sobre el plano, moviendo cada volumen según el relieve y la vista.Durante un proceso de casí un año y medio, y al menos 5 visitas al sitio, coordenadas, estudios topograficos, aero fotos, fotos satelitales y fotos de perspectiva con dron, minuciosamente se trabajo la posición exacta en el terreno de los diferentes volúmenes del programa. Se trabajo con un sumo respeto al terreno, y a las cualidades que este trae al programa, eso sin sacrificar ninguna necesidad. El estudio tomo mucho análisis de sitio, y un incesante e incansable metodo, de mezclar, inherencias dibujadas en el estudio, contra información de coordenadas y visitas en sitio con andamios, para paulatinamente ir decidiendo las posiciones finales de los edificios.
Los caminos se curvan y enlazan nodos en lugar de imponer un eje. Queríamos que el conjunto casi desapareciera desde el aire y se leyera como parte del monte costero.




Genealogías: quién traza y quién enseña a leer el sitio
Del lado de quienes dominan el territorio están Le Nôtre, que en Versalles lo ordena como un sistema de ejes, perspectivas y avenidas que parten del centro; Costa, con su cruz en Brasilia; Le Corbusier, que en Chandigarh lleva el orden a escala monumental; y Howard, aunque con matices: su ciudad jardín es un diagrama que pedía adaptarse al sitio y no aplicarse tal, y por eso lo sentimos cerca del híbrido de Sisbichen.
Del otro lado están quienes parten del territorio. Barragán convirtió un campo de lava en los Jardines del Pedregal. McHarg y Lynch no dibujan planos como los anteriores, pero nos enseñaron a leer el sitio: McHarg, con su análisis por capas en Proyectar con la naturaleza, y Lynch, con sendas, nodos y bordes en La imagen de la ciudad. Melvin Villarroel en Puente Romano, igual se mueve con el terreno, logrando un intricado y muy complejo plan maestro en el cual pareciese sus edificios haber estado ahí “desde siempre”; o el arquitecto Rick Joy, que famosa (o infamemente) tarda más de 5 años en diseñar sus proyectos como lo son el Amangiri en Utah o el Mandarina en Nayarit, llevando a un extremo el análisis territorial, y dandole la total prioridad sobre todo a las condiciones del sitio.
Nosotros caemos en medio de los dos grupos, y no vemos por qué habría que escoger uno para siempre.
Qué aprendimos
Después de estos seis proyectos, lo que nos queda es que ninguna postura es mejor en abstracto. Donde el terreno tiene relieve, vegetación y vistas que se pueden leer (Ocelote, Punta Mita), el trazo se deja guiar. Donde es plano o ya está intervenido y el programa aprieta (Football Sanctuary, Marina, Muelle), el trazo se impone. Sisbichen está en medio.

Por eso un plan de ordenamiento, ya sea sobre terreno nuevo o sobre un sitio que ya existe y se usa, empieza siempre por la misma pregunta: cuánto puede decirle el territorio al programa, y cuánto necesita decirle el programa al territorio. Al final del día, la intuición manda; una decisión que normalmente se toma al principio de este tipo de proyectos, repercute en absolutamente todo el future del trazo, y puede que sea de las decisiones más influyentes a tomar. Es imposible tomar ese tipo de decisión, sin primero visitar el espacio, verlo y sentirlo y mezclar esa información, con estudios y análisis en el despacho.
Por el momento, y por los próximos años, así es como pensamos sobre esta yuxtaposición de perspectivas en el trazo de planes maestros; solo el tiempo y la experiencia, continuara informando nuestras decisiones, un proyecto a la vez; siempre con la máxima intención, de diseñar espacios atemporales, sensacionales, y que ya sea por imposición, o por acoplamiento, generen un impacto que perdure.





