La IA no sabe hacer arquitectura
La arquitectura en tiempos de Inteligencia artificial

Es imposible hablar hoy en día de ningún tema —empresarial, arquitectónico, financiero, fiscal o legal— sin mencionar a la inteligencia artificial. En cuestión de unos años ha pasado de ser una herramienta de morbo a el “nuevo Google” para muchas personas, tanto en el ámbito académico como profesional, y muchas veces hasta para cuestiones personales de vida.
Ya que somos arquitectos, hablemos del tema desde la perspectiva del gremio: qué implica, qué hay que aprovechar, qué hay que temer y qué hay que rechazar.
La facultad de poder, a lo largo de años, practicar la mano alzada, el escalímetro mental, medir tus pasos y tus manos con medidas referenciales, dominar la acuarela, los pasteles, el carbón, el dibujo a lápiz, el dibujo con pluma, el dibujo técnico… Son años de hacer maquetas, dominar el cúter o, a su vez, aprender a usar las impresiones 3D, el slicer y el milu. Son más años aún de dominar el ojo para la foto arquitectónica, los encuadres, los silencios, murmullos, luces, sombras, perspectivas, y hasta ordenar una lámina o unas viles notas.

Todo esto sin contar todo el valor histórico que hay documentado de edificios a lo largo de los últimos 2,000 años de humanidad, y las vivencias personales, relaciones, viajes y la vida que llena tu cabeza cuando eres arquitecto y experimentamos el mundo desde estos lentes.



Dibujo en perspectiva del edificio (proyecto no realizado)

Croquis de estudio, perspectiva interior compuesta por dos capas superpuestas.
Quiero saber genuinamente cómo una IA puede reemplazar eso. A mis ojos es imposible. Lo triste es que, entre más tiempo pasa, menos estudiantes —no solo de arquitectura, sino de todas las profesiones y gremios— están dejando de practicar; están sacrificando lo más preciado de la era académica en las vidas de cada quien: la exploración, el rigor, el estrés mental, que al mismo tiempo viene con un gozo de lograr objetivos, de crear cosas que significan algo, no solo para ti, sino para tus colaboradores, clientes y comunidades con las que trabajas.
Creo que si las nuevas generaciones no logran entender esto, puede que estemos viviendo el cambio de gafete de la última generación de arquitectos profundos, reales y conscientes. Vendrá en su reemplazo una generación de ingenieros de software especializados en arquitectura y gestión de obra. El mundo no necesita más eficiencia: ya logramos expandir la población a 8 mil millones de personas, crecer la tecnología a niveles inéditos, construir puentes, edificios de más de medio kilómetro de altura; las industrias agrarias, automotrices, textiles, todas gozan y llevan gozando de la máxima eficiencia que otorga la tecnología aplicada.

Ahora, ¿qué cosas sí facilita? O si se preguntaban, ¿GAP en qué usa estas herramientas? Pues, en vez de googlear el Reglamento de Construcciones del DF edición 2017 en PDF y revisar las 500 páginas a ojo, Chat GPT te puede sacar de la duda sobre los lúmenes ideales en un espacio específico designado para cierto uso, o dar recomendaciones sobre pendientes mínimas para rampas según su uso, o el número mínimo de comensales por WCs en un hotel o restaurante.
Sí, esa información que a veces es más tediosa de encontrar, para eso nos ayuda. ¿Para dibujar? No. ¿Para inventar? Menos. Puedes pedirle que afine tu discurso o que te ayude a retar tu lógica en ciertas aseveraciones cuando analizas ciertas situaciones. Puedes pedirle que te ayude a plantear estrategias si te clavas en conversaciones más profundas con la IA, o a revisar tus números en un estado financiero. Pero son estas las tareas más mundanas y de flojera dentro de las 4,000 cosas que hace un arquitecto en el día a día.
Nada nunca va a superar abrir un libro y hojearlo, encontrar una foto que te gusta de un proyecto, girarla, luego arrancar la página y trazarle encima una idea que tuviste, analizar profundamente una estructura y su funcionamiento con respecto al proyecto en el que se hizo y la época. Hay una infinidad de cosas buenas e intelectualmente estimulantes que suceden orgánicamente cuando decides conscientemente no tomar atajos.
Porque, al fin y al cabo, esta no es una profesión de eficiencia, velocidad y atajos, sino una de trascendencia, pasión, nostalgia, obsesión. Es un arte.
Llamamos a la gente a vivir vidas más profundas, más intencionales; las cosas que valen la pena nutren a la mente, al alma, al corazón. Y creo que sí: el estímulo mental que generará tú, que decides no usar la IA para todo (aunque no ahorres “muchísimo tiempo”), te va a distanciar de la gente que la usa para todo, los mismos que están dejando de usar sus cerebros.